En el ámbito de la protección contra incendios, la elección del sistema de detección adecuado constituye una decisión crítica desde el punto de vista técnico y operacional. Los sistemas convencionales y los sistemas analógicos direccionables representan dos filosofías de diseño fundamentalmente distintas, cada una con implicaciones directas sobre la capacidad de detección, el mantenimiento y la gestión de alarmas.
Arquitectura y principio de funcionamiento
Los sistemas convencionales se basan en una topología de zonas, donde múltiples detectores están conectados en paralelo a un mismo lazo o circuito. La central de control únicamente es capaz de identificar qué zona ha generado la señal de alarma, sin poder discriminar cuál detector específico dentro de esa zona ha sido activado. Esto se debe a que la comunicación entre los dispositivos y la central se produce mediante variaciones de corriente en el circuito, sin ningún protocolo de identificación individual.
Los sistemas analógicos direccionables, en cambio, asignan una dirección única a cada dispositivo conectado al lazo. La central realiza un interrogatorio continuo y periódico —mediante protocolos de comunicación digital propietarios o estándar— a cada detector, actuador o módulo de la instalación. Esta comunicación bidireccional permite no solo identificar el dispositivo que ha generado la señal, sino también conocer el valor analógico de la magnitud física que está midiendo (concentración de humo, temperatura, radiación, etc.) en tiempo real.
Capacidad de procesamiento y gestión de alarmas
En los sistemas convencionales, la toma de decisiones es binaria: el detector trabaja en modo on/off, emitiendo una señal de alarma cuando la magnitud medida supera un umbral fijo y predeterminado de fábrica. Esta rigidez impide cualquier tipo de compensación dinámica o ajuste ante condiciones ambientales variables, lo que puede derivar en una mayor tasa de falsas alarmas.
Los sistemas analógicos incorporan algoritmos de procesamiento de señal en la propia central, permitiendo la evaluación de tendencias, la compensación por deriva del sensor debida al envejecimiento o acumulación de suciedad, y la aplicación de umbrales de alarma variables en función del momento del día o del uso del espacio. Esta inteligencia distribuida reduce drásticamente la probabilidad de falsas alarmas y mejora la fiabilidad del sistema en entornos exigentes.
Mantenimiento y supervisión
Desde una perspectiva de mantenimiento, los sistemas analógicos ofrecen ventajas sustanciales. La central puede generar alertas tempranas de mantenimiento cuando un detector acumula suciedad o experimenta deriva, antes de que su funcionamiento se vea comprometido. En los sistemas convencionales, la detección de un fallo suele producirse a posteriori, frecuentemente cuando el dispositivo ya ha dejado de funcionar correctamente.
Escalabilidad y coste
Los sistemas convencionales presentan un coste de instalación inicial inferior y resultan técnicamente adecuados para instalaciones de pequeña dimensión con una geometría de zonas sencilla. Sin embargo, en edificaciones de media y gran envergadura, la imposibilidad de localizar con precisión el origen de la alarma y la menor capacidad de diagnóstico penalizan su uso. Los sistemas analógicos, pese a requerir una inversión inicial mayor, ofrecen una gestión más eficiente, una localización precisa del evento y una reducción del coste operativo a largo plazo.
En conclusión, mientras que la tecnología convencional puede ser suficiente en instalaciones pequeñas con requisitos básicos de protección, la tecnología analógica direccionable representa la solución técnicamente superior para cualquier instalación donde la fiabilidad, la trazabilidad del evento y la reducción de falsas alarmas sean criterios determinantes.