Volver de vacaciones es un poco como volver de otro planeta. Traemos la piel morena, el móvil lleno de fotos de atardeceres y la cabeza todavía flotando en una piscina imaginaria. Y así, en ese estado de «modo avión mental», muchos volvemos justo a la época en la que el campo está más seco que las galletas de la abuela y el riesgo de incendio anda por las nubes (las nubes de humo, no las de lluvia, que esas brillan por su ausencia).
El problema no es solo el calor. El problema es que llegamos distraídos, con la mente todavía en la playa, pensando en deshacer la maleta y en cuántos días de curro nos quedan por delante… y se nos olvida que agosto y septiembre son meses en los que el monte no perdona ni una chispa. Literal.
Así que aquí va el recordatorio con cariño, pero serio: no bajes la guardia. Que la mente esté de vacaciones no significa que el fuego también lo esté. Todo lo contrario: mientras nosotros hacíamos el símil, la vegetación se ha ido secando, y con ella el peligro ha ido subiendo de nivel como si fuera una barra de progreso que nadie quiere ver llegar al 100%.
¿Qué podemos hacer? Pues lo de siempre, pero con la atención puesta de verdad:
- Nada de barbacoas improvisadas ni fogatas «solo un ratito» en zonas de riesgo.
- Las colillas no se tiran por la ventanilla del coche, aunque tu playlist de verano diga lo contrario.
- Si ves humo raro, no esperes a hacer una story para Instagram: avisa primero, opina después.
- Y si vas al monte, entérate del nivel de riesgo del día, que para eso existen las apps y los avisos, no solo para mirar la previsión de si hará playa.
En resumen: las vacaciones se acaban, pero la responsabilidad no se va de vacaciones nunca. Podemos seguir con la mente medio en el chiringuito, pensando en la próxima escapada, pero los ojos y el sentido común tienen que volver a currar ya. Un incendio no avisa con un email de «bienvenido de vuelta», así que estemos atentos, estemos despiertos y, sobre todo, estemos presentes.
El verano se disfruta, el fuego se previene. Y con un poco de cabeza (aunque sea a medio gas), entre todos evitamos que unas vacaciones de recuerdo bonito se conviertan en una temporada de recuerdo triste.